El valor de la persona y la trampa del falso empoderamiento en la maternidad y paternidad


El valor de la persona es intrínseco: está en el simple hecho de existir. Sin embargo, a lo largo de la historia se ha condicionado. En la Antigüedad, se vinculaba al rol social; en la tradición religiosa, al cumplimiento de normas; la Ilustración defendió la dignidad universal; la Revolución industrial lo redujo a la productividad; y hoy, en la era digital, parece que valemos lo que mostramos o lo que consumimos.

Todas estas visiones conviven todavía y alimentan un mensaje confuso: no vales por lo que eres, sino por lo que aparentas o logras.

En este contexto aparece el falso empoderamiento: ese discurso que invita a mostrarse fuerte todo el tiempo, a no necesitar a nadie, a brillar hacia fuera aunque por dentro haya heridas. Parece fortaleza, pero en realidad es una máscara que desconecta a la persona de lo que realmente es.

Este falso empoderamiento afecta de lleno a la maternidad y la paternidad, especialmente cuando se atraviesan rupturas afectivas o desconexiones emocionales dentro del hogar.



La vida doble tras una separación (física o emocional)

Después de una separación, muchas personas caen en una vida doble. Hacia fuera proyectan independencia, éxito y libertad, mientras hacia dentro sienten tristeza, vacío o desorden emocional. Esa vida doble suele ir acompañada de la ausencia de rutinas saludables: falta de descanso, alimentación desordenada, horarios caóticos, exceso de pantallas o conductas evasivas. Se vive desde la supervivencia, no desde el cuidado.

Los hijos, aunque no lo entiendan con palabras, lo perciben. Y reciben un mensaje invisible de carga: “cuando no estás conmigo me pierdo en una falsa libertad; cuando vuelves, eres mi sostén y mi equilibrio”.

Algo parecido ocurre cuando no hay separación física, pero sí emocional. Padres y madres que conviven bajo el mismo techo pero sin conexión real transmiten incoherencia: presencia física sin presencia afectiva. El mensaje que llega a los hijos es igualmente confuso: deben ser el pegamento emocional que une lo que está roto.



De la carga invisible al TLP, al narcisismo y a la herida generacional

Cuando este patrón se repite, los hijos aprenden a sobrevivir de dos formas distintas, que con el tiempo pueden derivar en rasgos más acentuados:

- Herida abierta (dinámica límite, asociada al TLP): miedo intenso al abandono, vacío crónico, dificultades para regular las emociones, impulsividad, autoimagen frágil y necesidad constante de validación.
- Coraza (dinámica narcisista): necesidad de admiración, dificultad para reconocer la vulnerabilidad, búsqueda de brillo hacia fuera y baja tolerancia a la crítica.

Estas dinámicas no aparecen de la nada. Muchas veces es la herida generacional la que se reactiva: hijos que cargan con lo que sus padres no sanaron, y padres que repiten lo que heredaron de los suyos. Cuando no hay consciencia, la herida pasa de una generación a otra disfrazada de carácter, de “así soy yo” o de silencios nunca nombrados.

La vida doble y el falso empoderamiento no solo dañan el presente, también perpetúan esta cadena. Lo que no resolvemos se convierte en semilla en la vida de nuestros hijos.



Generaciones futuras y la responsabilidad personal

Si como adultos normalizamos esta vida doble física o emocional, transmitimos a los hijos que el valor depende de aparentar, de sostener al otro o de llenar vacíos con libertades destructivas.

El cambio empieza en nuestra responsabilidad personal: recuperar rutinas sanas, hacernos cargo de nuestras emociones, ser coherentes en lo que mostramos y lo que vivimos. Los hijos no necesitan que seamos perfectos, sino auténticos y responsables de nuestro propio bienestar.


Criar desde el valor auténtico

Criar desde el valor auténtico es enseñar que el valor de un hijo no depende de notas, apariencias o logros, ni de si sostiene emocionalmente a sus padres. Significa transmitir que su dignidad es incondicional y que puede mostrarse vulnerable sin dejar de ser valioso.

Los hijos no escuchan tanto nuestras palabras como el eco de lo que hacemos: modelan su manera de estar en el mundo a partir de cómo viven y sienten nuestra maternidad o paternidad. Aunque pensemos que no lo ven, lo perciben, lo sienten, y es ahí donde como sociedad necesitamos detenernos y trabajar con honestidad.

Me gusta pensar en la calma en medio del caos, y por eso es importante comprender lo que aquí señalo: el verdadero legado son nuestros hijos. En la medida en que tengamos más conciencia y más información, podremos minimizar lo que se avecina. Porque, como diría uno de los míos, “se vienen cositas”… y no siempre son agradables. A veces son desorden interno, caos y miedos imposibles de atravesar en un mundo saturado de ruido, pero carente del silencio necesario y de la psicoeducación preventiva que tanto necesitamos.


Checklist: ¿Qué transmito a mis hijos?

Falso empoderamiento en la crianza vs Empoderamiento auténtico en la crianza:
- “Tienes que ser el mejor en todo para demostrar lo que vales” vs “Eres valioso siempre, incluso cuando fallas o te equivocas”.
- Mostrar hacia fuera que “todo está bien” mientras se vive caos interno y ausencia de rutinas sanas vs Reconocer emociones reales y cuidarse con hábitos estables (descanso, orden, autocuidado).
- Usar a los hijos como sostén emocional tras la separación: “cuando no estás, me pierdo; cuando vuelves, me equilibro” vs Hacerse responsable de las propias heridas y liberar a los hijos de cargas invisibles.
- Vivir “libertades destructivas” (excesos, desorden, evasión) como prueba de independencia vs Mostrar que la verdadera libertad es elegir lo que nutre, lo que construye y da calma.
- Confundir fortaleza con no mostrar nunca vulnerabilidad vs Enseñar que vulnerabilidad y fortaleza pueden convivir, y que pedir ayuda no resta valor.



Para reflexionar

Este checklist no es para juzgarnos, sino para mirarnos con honestidad. Nadie es perfecto, y todos caemos alguna vez en la columna del falso empoderamiento, sobre todo en momentos de dolor o separación.



Y aquí surge la pregunta clave:

Cuando la dignidad se hace acto y la libertad se vuelve responsabilidad, ¿qué estamos sembrando en la vida de nuestros hijos?



Conclusión

El falso empoderamiento es máscara, ruido, rebeldía sin raíz.
El verdadero empoderamiento es un acto de amor radical: hacia uno mismo, hacia quienes vinieron antes y hacia quienes vendrán después.

No es doble vida, es una sola vida coherente.
No es negar la vulnerabilidad, es abrazarla con dignidad.
No es huir de la responsabilidad, es convertirla en herencia.

Sanar nuestras propias heridas no es un acto egoísta: es romper con la repetición generacional. Porque lo que hoy callamos o disfrazamos, mañana puede convertirse en la carga de nuestros hijos.

El verdadero empoderamiento no es fuego artificial: es vela encendida. Ilumina sin destruir, calienta sin consumir y puede encender a otros sin apagarse.



Preguntas para acompañarte

- ¿Estoy viviendo mi maternidad o paternidad como un interruptor que enciendo y apago, o como una presencia constante?
- ¿Uso mi sexualidad como autocuidado y vínculo, o como agua salada que me deja vacío?
- ¿Qué aprenden mis hijos de la manera en que vivo mi libertad?
- ¿Qué heridas heredadas estoy repitiendo bajo la máscara del empoderamiento?
- ¿Qué prefiero dejar a las generaciones que vienen: el destello de un fuego artificial o la luz constante de una vela encendida?





Arantxa GutBor
Morfopsicóloga Coach





Aviso legal
El presente texto tiene un carácter reflexivo y divulgativo, orientado a la psicoeducación y la conciencia social. No constituye asesoramiento psicológico individualizado ni sustituye un proceso terapéutico profesional.
Cualquier referencia a situaciones de maternidad, paternidad, separación o dinámicas familiares responde a ejemplos genéricos y sociales, sin aludir a personas concretas. El objetivo es invitar a la reflexión y al aprendizaje compartido, no emitir juicios sobre casos particulares.
El contenido aquí expuesto no pretende señalar ni responsabilizar a madres, padres o cuidadores de manera individual, sino abrir un espacio de reflexión colectiva sobre la importancia de la coherencia, la responsabilidad emocional y la transmisión intergeneracional en la crianza.

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