Una distorsión llamada Deseo


¿Es Amor o necesidad disfrazada?


Hay personas cuyo lenguaje emocional no es el amor libre, sino el autoenaltecimiento a través de ti.


Pueden parecer apoyo, compañía o ayuda. Te animan cuando avanzas, te tienden la mano cuando te tambaleas… pero algo en el fondo no termina de sentirse limpio. Porque su entrega no nace del amor incondicional, sino de una forma sutil de dependencia: necesitan ser parte de tu proceso para sentirse importantes.


Tu brillo, tu avance o incluso tu caos, les dan sentido. Tu vulnerabilidad se convierte en su plataforma para salvarte, corregirte o sostenerte. Y cuando empiezas a caminar sola, cuando ya no los necesitas… pueden comenzar a incomodarse o a alejarse. No porque no te quieran, sino porque su lugar simbólico en tu vida se desmorona.


No es que no te estén ayudando. Lo están haciendo pero con una necesidad de validación interna y autoafirmación que saldrá en tres palabras: "Gracias a mi"

La pregunta no es qué hacen, sino desde dónde lo hacen y como eso en le tiempo puede afectar al vínculo y a ti.


La cuerda de seda

Imagina que llevas atada al tobillo una delgada cuerda de seda. No aprieta, no duele, apenas pesa. 

A veces incluso olvidas que está ahí.

Esa cuerda te une a alguien que estuvo contigo en un momento difícil: te sostuvo, te cuidó, te dio palabras o presencia cuando más lo necesitabas. Su ayuda fue real, valiosa, sentida.

Pero con el tiempo, tú empiezas a caminar hacia lugares nuevos. Tu cuerpo crece, tu voz se aclara, tus pasos se vuelven más seguros. Y entonces sientes un ligero tirón. Algo apenas perceptible que te detiene cuando vas a elegir algo distinto, cuando vas a alejarte, cuando vas a decir que no.

La cuerda no te arrastra. Pero tira suavemente de ti con una fuerza invisible: la de la culpa, la deuda emocional, el "no quiero fallarle".

Y así, sin darte cuenta, modificas tu dirección. No porque lo desees, sino porque esa cuerda –hecha de memoria, gratitud y miedo– sigue anudada al tobillo de tu libertad.

No necesitas romper la cuerda con violencia.

Solo tienes que mirarla con honestidad, nombrarla, y preguntarte:

¿Este lazo me conecta con el amor o con el deber?

¿Me sostiene o me condiciona?

Porque no todo lo que ata es amor, y no todo lo que ayudó ayer merece dirigir tu camino hoy.

A veces nos sentimos obligad@s a “elegir bien” por quienes nos han ayudado, como si debiéramos permanecer en su órbita para no traicionar algo. Pero cuando la ayuda lleva implícita una deuda emocional, ya no es amor, es transacción.

Y no hay nada más desgastante que sentir que si eliges tu verdad, estás traicionando a quien te “quiso bien”.


El verdadero acompañamiento no exige y Sí renuncia en nombre propio.

El verdadero amor, el acompañamiento real, no necesita protagonismo.

No compite con tu libertad.

No te exige fidelidad, ni gratitud eterna, ni que le confirmes que sin su ayuda no podrías.

Está contigo porque te honra, no porque te necesita para sentirse completo.


Me gustaría invitarte a que la próxima vez que alguien te ayude, te preguntes:

¿Este gesto me conecta con mi poder o me hace sentir en deuda?

¿Me libera o me amarra?

¿Me siento más libre o más dependiente desde que esta persona me acompaña?

¿Puedo cambiar, crecer o tomar decisiones sin sentir que le estoy fallando?

¿Esta persona necesita ser parte de mi proceso para sentirse válida o vista?

¿Su apoyo me fortalece o me agota?

¿Qué parte de mí se siente en deuda con alguien que me ayuda?

¿Puedo sostener este vínculo sin perder mi voz, mi autonomía o mi verdad?


Porque la forma en que alguien te acompaña revela más sobre su necesidad que sobre tu carencia y es así como el vinculo se vuelve tóxico, impredecible, agotador y traumático.

La unión de las carencias nos mete en un bucle de emociones que distorsionan nuestros deseos, concretamente el deseo por el otro haciéndote pensar que es ahí y pasando por alto que igual que el tiempo pasa debemos avanzar dentro de nosotros mismos con el, donde nuestra vulnerabilidad no sea la pieza que complete a otro y sí la que nos fortalezca y nos ayude a crecer como personas.


Recuerda,                                     

ANTES NO ES AHORA.


Arantxa GutBor

Morfopsicóloga Coach




Comentarios

Entradas populares