Puedes amar con todo el corazón y aún así tener que alejarte.
"Porque no todo lo que se ama se puede conservar, ni todo lo que duele se debe seguir sosteniendo"
En consulta lo que más observo es la ausencia de claridad
con respecto a los vínculos y el dolor que esto produce. Es como si, a veces,
perdiéramos el sentido de por qué nos vinculamos, con quién y desde dónde… como
si olvidáramos que los vínculos no son un trámite comercial, sino espacios
donde se pone en juego nuestra salud mental, emocional y física.
Y sí, valga la redundancia: necesitamos vínculos que no nos resten salud mental-emocional-psicológica.
Es a través de nuestras relaciones como aprendemos, nos
moldeamos, nos esculpimos y resignificamos. Pero eso solo ocurre cuando los
vínculos no nos desdibujan, cuando no tenemos que dejar de ser para poder
pertenecer.
Claro, si partimos de la base de que nacemos condicionados
por género, raza, lugar, apellido… durante muchos años, la tarea más profunda y
liberadora es desidentificarnos de todo eso. Desligarnos de quien creemos que
“debemos” ser para poder comenzar a vivir cada día desde lo que realmente
somos.
Y esto se está volviendo urgente en los tiempos que corren:
la necesidad de quitarnos etiquetas, de dejar de repetir vínculos heredados o
insostenibles. La urgencia de vivir relaciones en paz, sin distorsiones
mentales propias de un sistema nervioso en alerta constante.
Una vez leí: "Somos merecedores de lo que nuestro sistema nervioso sea capaz de sostener". Para eso necesitamos hacer el arduo trabajo de salirnos de nuestro propio camino. O lo que es igual: bajar la guardia interna, mirar de frente esa parte nuestra que lleva vergüenza o culpa, necesidad, abandono, rechazo...y emerger al cuerpo en calma, dispuesto a amar sin exigencia, con el sistema nervioso por bandera.
Porque sí: puedes querer mucho a alguien sin pedirle que
cambie para merecer tu amor… y aún así ponerle límites.
Amarle incondicionalmente no significa aceptarle todo.
Los vínculos, aunque haya amor, necesitan respeto, cuidado y
reciprocidad.
El amor incondicional no implica tolerancia incondicional.
Esa es la parte que más nos cuesta entender.
Amar no debería doler tanto.
Y cuando duele todo el tiempo, el problema no es el amor… es
lo que estamos permitiendo en su nombre.
Esto no solo pasa en las parejas. También ocurre con padres,
hijos, hermanos o amistades.
El amor no desaparece por poner límites.
Pero sí se desgasta cuando aguantamos lo que nos duele solo
“porque los queremos”.
🧩 Algunos ejemplos para ti:
En la pareja:
Te amo, pero si cada discusión termina en gritos o
desprecio, necesito poner un límite.
Puedo entender que tengas heridas, pero eso no justifica que
me lastimes.
Sin respeto, no hay amor que alcance para sostener una
relación.
Con los hijos:
Te amo con todo, pero si me hablas desde el enojo o con
faltas de respeto, voy a marcar un límite.
Estar para ti no significa olvidarme de mí.
También te enseño cómo se trata a quien se quiere.
Con los padres:
Te quiero, pero si cada vez que hablamos termino sintiéndome
mal por tus palabras o forma de tratarme, voy a tomar distancia.
Ser tu hij@ no significa tener que aguantar lo que me
lastima.
Con amistades:
Te aprecio mucho, pero si solo estás cuando necesitas algo,
o si nunca hay espacio para mí, necesito tomar distancia.
La amistad no se sostiene solo con cariño. También necesita
equilibrio y cuidado mutuo.
Con hermanos/as:
Te quiero, pero si solo apareces para generar conflicto o
pedirme cosas sin dar nada a cambio, tengo derecho a poner límites.
Que seamos familia no justifica un trato que nos desgasta.
El amor no se mide por
cuánto aguantas, sino por cuánto te cuidas sin dejar de querer.
Amar también es poder decirle a alguien:
“Hasta aquí, porque me importas, pero también me importo
yo.”
Poner límites no acaba con el amor.
Lo que sí desgasta el sentimiento es callarse todo, acumular
resentimiento y creer que amar es aguantar cualquier cosa.
No se trata de dejar de querer, sino de no seguir
permitiendo lo que te hace daño.
El amor sano también sabe retirarse, hacer pausas o decir:
“esto no me hace bien”.
Porque el amor puede ser libre e incondicional al darse…
pero los vínculos necesitan reglas para sostenerse, no para
doler.
Poner límites no es egoísmo, es salud emocional.
Y muchas veces, el primer paso es dejar de justificar lo que
duele en nombre del amor.
💭 Pregúntate con honestidad:
¿A quién sigues amando a costa de ti?
¿Qué parte de ti estás silenciando por no poner límites?
¿Qué vínculo necesita hoy un “hasta aquí” para no romperte
del todo?
¿Estás llamando amor a algo que, en realidad, es miedo a
perder?
¿Qué necesitas para sentirte en paz dentro de tus
relaciones?
Que tus vínculos sean un refugio, no una batalla.
Y que el amor que das no te cueste más de lo que puedes
sostener.
Ahora que has llegado hasta aquí te doy las gracias y te invito a que vuelvas a leerlo mientras escuchas esta música con cascos si es posible a ver que sucede en ti.
https://youtu.be/eZMcsmWnz44?si=ui6Sfc9Vjw89_Rym
Morfopsicóloga
Coach



Comentarios
Publicar un comentario