¿Intuición o trauma?
Esa fina y delgada línea...
Todos hemos escuchado decir y hemos dicho, mi intuición no me falla y la verdad es que si no diferenciamos bien nos podemos encontrar en la misma tesitura que si no sabemos si tenemos sentimientos hacia alguien o activación de nuestro sistema nervioso simpático rememorando sentires conocidos difíciles de digerir.
En mi caso os puedo decir que conecté con la fuerza femenina que emerge del coraje de sumergirme en mi vulnerabilidad extrayendo a la superficie cada una de los tejidos de mi propio corazón que si no lo sabéis yo os lo digo, corazón proviene de la palabra coraje y ahí, en medio de la nada donde el agua me inundaba en cada inhalación y el fuego me quemaba en la exhalación aprendí a discernir intuición de activación traumática.
Cuando el cuerpo habla ¿Qué dice?
A algunos nos enseñaron a sentir, pero no a discernir entre la voz del alma…y el eco de heridas que ni conciencia le ponemos.
La conciencia es para valientes.
¿Y si lo que creemos intuición… es la memoria del miedo disfrazada de certeza?
La intuición es conexión.El trauma es protección.
La intuición florece en el cuerpo cuando hay presencia,
el trauma reacciona desde el pasado, aunque creas que estás en el ahora.
La intuición te conecta con el otro,
el trauma te aísla para que sobrevivas.
La intuición te ancla,
el trauma te empuja.
¿Lo que sientes te acerca o te separa? Ahí empieza la verdadera brújula.
Porque cuando hay conexión genuina, la intuición es clara como el agua que brota de una fuente limpia.
No viene cargada de sospechas, ni de alarmas automáticas,
ni de listas internas de “peligros a evitar”.
Viene suave.
Segura.
Silenciosa.
Como quien ya sabe sin necesitar pruebas.
El trauma, en cambio, construye castillos de soledad y los llena de fantasmas con nombres ajenos:“esto me vibra mal”, “ya me hicieron esto antes”, “yo confío en mi intuición” pero lo que vibra no es intuición…es una herida sin revisar.
La conexión genuina nunca exige que renuncies a ti.
No te confunde, no te hace dudar de tu valía, no te hace sentir que debes encoger tu luz para ser aceptada.
Y entonces sí: sientes paz, incluso si tomas decisiones difíciles.
Porque la intuición no huye: elige.
No reacciona: responde.
No se defiende: confía.
La conexión genuina es la prueba.
Pero tú ya no necesitas sobrevivir. Estás aquí para vivir. Para amar con conciencia.
Para vincularte con el corazón abierto y el alma sin disfraces.
¿Te atreves a soltar la coraza… y escuchar la intuición de verdad?
Esa que no grita, pero guía.Esa que no aísla, pero cuida.
Esa que nace del amor, no del miedo.
Te pregunto abiertamente...
¿Qué parte de mí está tomando esta decisión: mi yo presente o mi yo herido?¿Estoy actuando desde el amor a mí… o desde el miedo a repetir?
¿Cómo sería esta experiencia si no estuviera filtrándola a través de mi pasado?
¿Puedo sostener esta emoción sin reaccionar desde ella?
¿Estoy evitando algo… o eligiendo con claridad?
¿Me siento expandida o contraída al pensar en esto?
¿Hay paz en mi cuerpo… o tensión camuflada de alerta?
¿Qué pasaría si me permitiera confiar en esta conexión sin necesidad de defenderme?
Y recuerda, la verdadera intuición nunca nace del miedo, nace del alma que por fin se siente segura para hablar y actuar.
Arantxa GutBor



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