La gran pregunta del Apego


¿Es el apego solo emocional?

Pues me temo que no, que tiene una base neurobiológica muy profunda. 

Desde bebés, nuestro cerebro se moldea en función de cómo nos cuidan y cómo nos vinculamos.

Vamos a destripar que sucede en el cerebro con el apego:

Se forma en el cerebro emocional principalmente en estructuras cerebrales como:

Mi amiga amígdala: Es quién nos ayuda a detectar amenazas. Si el entorno es impredecible o traumático, se hiperactiva y el cerebro aprende que el vínculo es peligroso.

El señor hipocampo: Registra recuerdos emocionales. En contextos de apego inseguro, almacena memorias de dolor, abandono o miedo.

La maestra corteza prefrontal: Ayuda a regular emociones. Su desarrollo se ve afectado por el estrés crónico o la falta de contención.


Sus conductores son la oxitocina y dopamina, la química que hace que nos apeguemos (las hormonas del apego)

La oxitocina: Es la “hormona del vínculo”. Se libera con el contacto afectivo, la mirada, la presencia segura. Si se tiene un apego inseguro o traumático, puede haber menos liberación de oxitocina o dificultad para sentir seguridad con otros. También es la que se libera en el orgasmo, de aquí que se confunda amor con sexo,

La dopamina: Involucrada en el placer y la recompensa. En vínculos traumáticos, el cerebro se acostumbra a “recompensar” relaciones inestables o intensas, por eso se puede confundir intensidad con amor.

En apegos inseguros, el sistema nervioso entra frecuentemente en modo supervivencia (lucha, huida o congelación) lo cual va  alterar nuestra capacidad de confiar, la calma interna y la percepción de peligro incluso cuando no lo hay.

¿Y quine nos puede salvar de todo esto?
La Neuroplasticidad es nuestro lado esperanzador
Como nuestro  cerebro es plástico puede cambiar y cuando empezamos a experimentar relaciones seguras, a cuidarnos de verdad y a tener espacios terapéuticos, el cerebro empieza a reconfigurar sus circuitos. Literalmente, sanamos desde dentro.


Y tú dirás que porque te cuento todo esto ¿cierto?

Pues porque puedes venir con un estilo de apego de tu infancia y que este de modifique a otro estilo tras un vínculo traumático al punto que ni siquiera te reconozcas, puedes pasar de apego ansioso a evitativo en un zas y de evitativo a ansioso en la misma proporción porque so es lo que hace el trauma, modifica nuestras redes neuronales.
No se trata de quedar con apego ansioso o seguir siendo evitativo más bien entender que la seguridad en los vínculos es diferente a los que has conocido hasta ahora.

Primero tienes que saber cuales on los tipos de apego que hay porque sanar las heridas de apego que deja un vínculo traumático es un proceso profundo, pero absolutamente posible. 
Implica reconstruir la manera en la que te relacionas contigo mismo y con los demás, y soltar patrones que se aprendieron como mecanismos de supervivencia. 

Apego ansioso: Miedo a ser abandonado, necesidad constante de validación.

Apego evitativo: Dificultad para conectar emocionalmente, miedo a la intimidad.

Apego desorganizado: Mezcla de los anteriores, con confusión y miedo en los vínculos.


Las claves del proceso son tan importantes como el propio proceso y conocerlas te va a permitir identificar en cual estás con autocompasión y paciencia y por supuesto seguir avanzando para reconstruir eso que se ha dañado tras el vínculo traumático.

Lo primero que debemos hacer es reconocer el trauma vincular, que puede ser de pareja o no, familia, amistades, laborales....

Entonces el primer paso es ponerle nombre a lo vivido. Muchas veces se normalizan los vínculos dañinos porque se han vivido desde edades tempranas. Validar que lo que pasó fue doloroso y que afectó tu forma de vincularte es esencial.

Ahora y parte difícil pero no imposible es identificar los patrones de apego, aquí te dejo alguna preguntas para ello:

¿Cómo describirías tu relación con tus padres o cuidadores cuando eras niño/a?

¿Qué hacían tus padres cuando estabas triste o tenías miedo?

¿Te sentías escuchado/a y comprendido/a por tus cuidadores?

¿Recuerdas haber recibido consuelo físico o emocional de ellos?

¿Cómo te sientes cuando te vinculas emocionalmente con alguien?

¿Te resulta fácil confiar en los demás o sueles estar en guardia?

¿Sientes que a veces necesitas demasiado a tu pareja o, al contrario, que te cuesta comprometerte?

¿Qué haces cuando alguien importante para ti se aleja o no responde como esperas?

¿Cómo sueles reaccionar ante una discusión con alguien cercano?

¿Prefieres resolverlo cuanto antes o necesitas alejarte y tomar distancia?

¿Te cuesta estar solo/a o lo prefieres?

¿Tiendes a preocuparte por si los demás te van a abandonar?
¿Cómo te ves a ti mismo/a en las relaciones? ¿Capaz, valioso/a, necesitado/a, inseguro/a...?

¿Qué opinas de los demás en general? ¿Confiables, impredecibles, invasivos...?

¿Sientes que tienes que hacer cosas para merecer afecto?
¿Sueles compartir tus emociones fácilmente o tiendes a guardártelas?

¿Te cuesta identificar lo que sientes?

¿Sientes que a veces tus emociones son "demasiado" para los demás?

Conocer tu patrón ayuda a entender por qué reaccionas como lo haces en relaciones actuales.

Una vez que hayas identificado tus patrones tenemos que comenzar con la reparentalización que es 
un proceso para aprender a darte lo que no te dieron: cuidado, validación, ternura, límites. 

¿De qué forma?

Con diálogos internos más compasivos, rutinas de autocuidado emocional, identificar y proteger a tu "niñ@ interior".


Es muy importante que trabajemos con la memoria emocional porque los vínculos traumáticos no solo dejan ideas, sino sensaciones corporales, alertas internas, para lo cual la parte somática es necesario trabajarla con las sensaciones que se han quedado ahí guardadas, como dice Besser Van del Kolk es le cuerpo quine lleva la cuenta...

Por último comenzar a establecer vínculos sanos

Comenzar a relacionarte con personas que respetan tus tiempos, te cuidan y no te manipulan es clave para sanar. 
Al principio puede que te resulte incómodo, porque no se "siente como amor", pero poco a poco el sistema se va  a regular.


Un vínculo traumático puede dejar heridas de apego profundas porque se forma en un contexto de dolor, abuso o negligencia, especialmente cuando la persona que debía brindar seguridad y cuidado también es la fuente de sufrimiento. Esto genera una confusión emocional intensa y puede impactar en cómo te relacionas contigo mismo y con los demás.

Sanar no significa olvidar lo que pasó, sino poder vivir el presente sin que el pasado te gobierne. 

Así que ya sabes, si tus relaciones comienzan de una forma, se desenvuelven de otra y terminan como el rosario de la aurora quizás haya por ahí algún tema de apego y aunque tu mente intente justificar tus actos, el sentir que este produce es más fuerte que cualquier pensamiento que lo justifique créeme.
Más que  mirar al otro comenzar por mirarnos va a hacer la diferencia principalmente en tus futuros vínculos.



Arantxa Gutbor
Morfopsicóloga Cocah





 

Comentarios

Entradas populares