Plumas negras
Hace algún tiempo, en consulta, tuve la oportunidad de acompañar a una mujer cuya historia no solo no me dejo indiferente sino que me hizo recordar que a veces el exceso de amor es más difícil de sanar que la ausencia de este.
Al igual que la empatía, que en su defecto es narcisismo y en su exceso puede ser codependencia, el amor en la infancia y su exceso nos puede llevar estar en situaciones con las que tener que avanzar el resto de nuestra vida.
Bajo su permiso y su petición explícita en este blog me permito ponerle letras a su voz, a su vergüenza y en proceso de reestructuración de una identidad erosionada donde bucea cada día para saber quien es, con mucho esfuerzo, paciencia y compresión aliviar el desazón de uno de los crecimientos más espectaculares que he visto en un ser humano.
Habían pasado como diez años de vivir fuera de su país, por circunstancias de nacimiento, posición entre los hermanos desde muy pequeña había tenido una sensación misteriosa, mística y la suerte de conocer diferentes lugares del mundo promovida por la inquietud y el aliento familiar.
La maternidad había modificado su cerebro al punto de encontrar a través de sus hijos la falla generacional como si de un legado invisible la acompañara en cada momento de su vida.
Tras varios intentos de terapias, todos caídos en saco roto, llegó a mi.
El estado era de desregulación absoluta, las emociones le paralizaban el cuerpo y la tendencia era al asilamiento y la introspección. Diagnosticada de trauma por apego, altas capacidades y sin coherencia a lo largo de su vida el colapso se presentó.
Alguien dijo una vez que la tristeza es causada por la inteligencia, no tengo duda alguna de esto, solo que conectar con la tristeza profunda puede ser un océano desbordado de rabias ocultas, patrones inconscientes por redirigir, años de consultas y búsquedas de respuestas que no llegan nunca.
Su historia comienza en una cena.
Sería por noviembre, cuando alguien a quien estimaba le propone cenar, una cita inesperada para ella, posiblemente calcula meticulosamente por él.
¿Te importa que no me cambie para ir a cenar, he estado con unos amigos esta tarde y voy en vaqueros y camisa?
Ella ya cambiada ya arreglada contesta que no pasa nada, así está bien.
¿Me pasas a buscar? Dice el
Por supuesto... contesta ella.
A veces las respuestas son sucesos que nos van mostrando que por mucho amor que tengamos dentro no podemos forzar a nadie a recibirlo pues hay personas que no están listas para ello, no tienen espacio o más bien no lo han conocido como tal.
Conocedora de la historia de sus abuelas marcada fuertemente por la de su madre se da cuenta de que el patrón es la alta tolerancia al maltrato en todas sus formas, desde la infidelidad, hasta la violencia económica y que como sociedad la feminidad está fuertemente juzgada poniendo el valor de su género en la compañía de personas muy dispares, a años luz de su psique y limitada por la libertad que ansía sentir dentro de una relación que le aporte la estabilidad emocional y el disfrute sexual estimulado que no obligado.
Tras conducir varios kilómetros no había ni reserva en el restaurante, conduciendo ella por petición de él tuvieron que para en un bar de carretera.
La vergüenza la invadía por momentos.
Al bajar del coche se quito los pendientes de plumas negras, unos pendientes con piedrecitas doradas que había elegido cuidadosamente para el momento, un outfit adecuado y nada exagerado que no era acompañado ni por la persona ni por el lugar, decidió adaptarse para aliviar la sensación de incomodidad que venía sintiendo de antes de salir de su casa.
La cena transcurrió con normalidad, un monólogo que el tenia por costumbre hacer, algo que ella entendió años después, en la invalidación a la que había estado sometido toda su vida, carente de autoestima alguna y que donde lo escuchaban con atención y le daban un mínimo de atención caía sometido en una idealización llena de miedos y ausencias.
¿Nos vamos a mi casa? Pregunto el tras la cena
No estoy segura...
Bien como quieras...
El interés de el era el mínimo y la parálisis de ella por decidir máxima, un coctel explosivo que termino en una noche de sexo incómodo, carnal y con ganas de conectar por amabas partes de forma más profunda.
Una lección para ambos difícil de olvidar, integrar y para ella lo que cambiaría el rumbo del resto de su vida.
Lo que para algunas personas es meramente un suceso anecdótico, para otras puede ser el comienzo de un camino lleno de descubrimientos personales, dolorosos algunos, dulces otros y con una meta que no transita cualquiera, la meta del autoconocimiento, la sabiduría explosiva de la vida en sí misma.
La acumulación de trauma habiendo sido una persona protegida, muy querida y amada la llevaron a creer que todos podemos amar de la misma forma y en la misma intensidad pero no es así.
La verdadera forma en la que somos amados, escuchados y sostenidos nos lleva a reproducirlo mas adelante y en algunos casos, muy pocos la conexión es tan alta que transitamos la vida buscando conectar con quien no puede hacerlo.
Con quien tiene cero profundidad, limitación emocional y castración en sus sentidos.
Podemos decir que aquella noche ya supo que la historia que venía no iba a ser fácil de digerir, no por el sino por ella misma, por su ambición interna de descubrir hasta que punto un ser humano puede estar dañado tan profundamente que jamás conocerá virtud alguna en la experiencia humana de a dos, la no dualidad de la conexión con alguien, la fusión de dos cuerpos en emoción, la riqueza del aprendizaje que nos eleva, nos engrandece y nos llena para irnos de esta vida evolucionados, tranquilos y satisfechos.
Hay mucha agresividad en dar a quien no esta dispuesto a recibir de la misma forma que a hay en esperar recibir de quien no está dispuesto a dar y ese fue el patrón de toda la relación que mantuvieron.
Finalmente ella consiguió ver que el hecho de que hayamos sido amadas profundamente no lleva implícito que encontremos ese amor en los demás en la vida adulta, que el daño de algunas personas es inmenso pero no por ello debe acogerlo en su seno, no le corresponde.
Hoy sigue siendo una persona llena, mística y altamente cuidadosa en su afán de dar lo que de alguna forma la define, un corazón con patas y ¿Qué puede producir más tristeza que no poder amar cuanto llevas dentro?
Confundimos carencia con exceso en algunas ocasiones y cuando alguien tiene mucho que desborda suele caer inconscientemente en lugares carentes de ello pues es la dinámica, llenar sin cuidar el vacío que esto puede generar a la larga.
A las personas que son pura luz la oscuridad los persigue, no para hacerle daño sino para sentir aunque sea por algún momento en su vida la grandeza de poder ver, sentir y conectar.
Arantxa GutBor



Comentarios
Publicar un comentario