La verdadera revolución es sentir, siempre que puedas hacerlo.
"Mamá porque abriste regalos de navidad, eso no deberías haberlo hecho" ( M. 6 años)
M, con ojos de lágrima contenida, aguantando el dolor de una disonancia cognitiva se muestra rígida e inamovible en un pensamiento que desencadena otro suceso de maltrato, de violencia encubierta.
Su apego evitativo en desarrollo no es sostenible en presencia de su madre con quien mantiene un apego seguro, motivo de discordia, envidia y disparador de furia narcisista.
Su madre atraviesa esta situación con cercanía emocional, compresión y sin convencimiento verbal, solo presencia y entendimiento pero esta vez no es suficiente, la niña se niega a entrar a casa, muestra su disconformidad y en la intransigencia actúa en la negativa y el rechazo físico, que no en el socorro emocional de su lugar seguro donde puede expresar su sentir. M se debate entre el pensamiento y el sentir con tan solo 6 años, lo hechos frente a las palabras introducidas en su mente, bien por la escucha indirecta de una conversación o una explicación a conciencia crean la suficiente confusión para colapsar y romper su sistema nervioso y una parte de su cerebro en pleno desarrollo.
Habían pasado cuatro años y medio de ataques sin sentido, humillaciones, mentiras y separaciones familiares, el aislamiento fue la única medida de protección por la disonancia cognitiva producida por el padre de M hacía su madre, cómo la gota malaya que cala a niveles muy profundos y que provoca un daño cerebral severo que requiere tiempo de terapia y encuadre profundo, un trabajo magistral de desapego emocional a los pensamientos introducidos en la mente de una persona cuando quieres someterla y controlarla.
La tarde del 26 de diciembre, llegaron de la mano de alguien querido los regalos de M a casa de su madre, M los abrió con ilusión, en presencia de este familiar y de su madre y sorprendida dijo !esto era justo lo que había pedido!
La madre de M, agradeció el gesto a la abuela, con la que no tenia relación hacia mas de 4 años y que su a vez consideraba que no le dejaba ver a M por el mismo motivo, el control mental ejercido por el padre de M.
La mentira se propagaba en todas las direcciones, como un thriller de mal gusto y poco sostén, si intrigante pero muy mal dirigido.
Dos semanas más tarde M y su padre acudieron a casa de la abuela materna de M, su vinculación como forma de control seguía presente aun habiendo rehecho su vida y una nueva paternidad.
Sorpresivamente los regalos que el padre de M había calculado con la abuela materna de M no estaban pero la abuela improviso al más puro estilo sabio algún detalle para ella que la lleno de ilusión.
Dos días más tarde M fue recogida por su madre para los regalos de reyes, encantada con las sorpresas y llena de ilusión volvió con su padre.
Esa misma semana en al visita rutinaria por convenio, al ser recogida por su madre, M mostró un profundo dolor por los regalos que su madre no tenia que haber abierto y que en su propio padre habían desencadenado la furia de la expectativa de no poder controlar lo que sucede a su alrededor y utilizar a otras personas en pro se su imagen personal, como padre y como hombre de bien, dejando esta vez en claro la incapacidad de paternar, educar y sembrar daño a su propia hija con tan solo 6 años.
¿Maldad? ¿Dolor? ¿Inconsciencia? ¿Trastorno?
En cualquiera de sus formas tenemos que entender como sociedad, como humanos y como algo mucho más profundo que existen personas cuyo dolor es tan profundo que es casi imperceptible la conciencia que tienen sobre ello.
Cuando hablo de conciencia hablo de incapacidad para tener en cuenta a otros más que sí mismos.
Hablo de castración de algún lugar de su ser que les impide poder volver a ser humano, de propósito, humano con humanidad.
Algunas personas llevan dentro de ellas un dolor tan profundo que arrasan con todo lo que tocan, como si de un tornado destructivo se tratara.
Ausentes de conexión con otras personas ostentan y promueven la destrucción.
La rabia es su gasolina, es el fuego propagador de la maldad con que se les etiqueta en cada ataque, en cada suceso.
A veces, y durante toda su historia de vida permanecen ahí, en el dolor y la fragilidad interna de su ser, en el engaño de sus pensamientos, en seguir una dinámica maquiavélica, ingenua en otras ocasiones y en todas dañina que propaga el dolor de lo que ansían, aquello que tuvieron en demasía de forma distorsionada o nunca tuvieron y ni siquiera llegaron a imaginar que es el poder de conectar con otro ser humano a un nivel de cercanía emocional extraordinario.
Estas personas son difíciles de entender y aún más difíciles de desenredar, probablemente imposible a día de hoy, su madeja interna no tiene salida más que en la contención de un dolor ancestral, colectivo e individual.
Se les arrancó el corazón dejando un inmenso vacío inllenable bien por sobre saturación o por ausencia.
He conocido `personal y profesionalmente que cuando tienen la oportunidad de recibir amor incondicional lo sabotean, lo dan por sentado y lo interpretan bajo su perspectiva de conducta utilitaria, despiadada y desconfiada.
Si esto sucede el dolor se pronuncia aún más desencadenando el tornado que incendia y arrasa todo a su paso en un ataque continuo y constante como auxilio y petición de amor desesperado generando neurosis o psicosis permanentes.
El vacío inllenable se presenta en la ausencia, en el abandono del amor, en la proyección de la herida y pueden pasar toda una vida encapsulados ahí, destruyendo, engañando y con estrategias verbales sin conciencia de ellas mismas pero sí de sus conductas y con cierto disfrute que alimenta y sacia la rabia contenida, creen que no pueden ser descubiertos bajo ningún precepto.
La necesidad de ganar una guerra donde solo están ellos, donde solo permanecen ellos con diferentes actores a lo largo del tiempo y donde el juicio y la sentencia están dictadas en algún punto de sus vidas.
En sus últimos momentos, en un quiebre, un colapso o en un desenmascaramiento, en la consecución de narrativas inventadas para con ell@s mism@s, en su mente llena de complejidad y perversidad como consecuencia de la locura que supone aceptarse en la imperfección mueren en la más absoluta soledad.
Devorarán parejas, familias enteras, propias y ajenas, hijos, amistades, sembrarán conflictos, separarán hijos de madres y de padres, hermanos de hermanas, e incluso llevarán a alguna que otra persona al suicidio. Depredadores de sangre inocente e ingenua de buen hacer y de buen corazón.
Reclutas del diablo que arrastrados por las adicciones, el poder y la ambición auguran grandezas ilusorias en pro de su enaltecimiento personal, mascara y horrores cometidos.
Estas personas son no insertables en la sociedad pero están entre todos nosotros, irreversibles en sus conductas, imparables en su dolor y conciencia del mismo pero con un propósito quizás excéntrico desde una perspectiva holística, enseñarte una realidad con la que todos vivimos a diario y que se nos olvida muy fácilmente, la realidad del dolor profundo, el dolor no curable de no poder amar o sentir amor.
Imaginaros por un momento no poder hacerlo, no poder sentir nada o que para ello tuvierais que destruir todo a vuestro paso para sentir lo más mínimo, ¿lo haríais? es una pregunta digna de reflexión sabiendo que sentir es lo que nos hace humanos.
Imaginaros que supierais que sois humanos sin serlo, cuanto dolor conlleva esto y al mismo tiempo no poder siquiera dirigirlo y ni siquiera saberlo.
Imaginaros que tenéis que fingir empatía porque en realidad no sentís nada, ni bueno ni malo y que desde muy pequeños habéis visto como se hace pero sin poder hacerlo adoptáis las formas que aparentan serlo.
Como discapacitados emocionales, castrados e individuos llenos de soledad vagan por el mundo infundiendo miedo, cometiendo atrocidades, desesperados y perdidos creyendo que pueden sin saber que la miseria, el diablo o dios sabe qué se apoderó de ellos en algún momento de su historia o de la historia que cargan haciéndolos los más infelices de los seres que existen.
Desde la vulnerabilidad no expuesta hasta la grandiosidad exacerbada se muestran, aun en su difícil reconocimiento, que solo a través de mucha cognición, conocimiento y espiritualidad pueden detectarse.
La tranquilidad es algo que nunca podrán experimentar y que en sus ansías de consuelo harán de todo por pertenecer y encajar en una sociedad sentenciosa, juiciosa, llena de distorsiones, distracciones, violencia, en gran parte o en su totalidad por su existencia, propagación y perpetuidad.
Decía Nelson Mandela que el odio no podemos combatirlo con más odio, el antídoto es el amor y por amor también se entiende la compresión, sin justificación.
Como terapeuta despiertan toda mi empatía y curiosidad por sus métodos perfectamente diseñados.
Como persona me producen una sensación de rechazo indescriptible por lo que entiendo perfectamente su desesperación al pasar de los años y la vida que van llevando. Es imparable su locura.
Comprender su raíz, su modus operandi, su dolor, discernir quien eres tú de quien es esa persona, transformar el dolor que ha dejado si ha pasado por tu vida, soltar que viene a ser algo así como aceptar su existencia, seguir tu propio camino y confiar en ti y en tu capacitad humana llena de sentido, que sí tuviste la suerte de sentir y puedes crecer en tu corazón, en tu humanidad incluso sabiendo que estamos en un momento de nuestra historia donde algunos elegimos trascender a algo mucho más fuerte que nosotros mismos y otros no podrán hacerlo siendo quienes permanezcan en la oscuridad de sus días, de su dolor, de su autoengaño, de su miseria y pobreza de corazón, de su paso por una vida llena de sin sentido y deudas kármicas por reacción a la pérdida e incapacidad de su ser de sentir algo de paz.
Quizás por este motivo las imágenes de algunos ángeles lleven espadas y escudos, porque pueden desviarlos con sus artimañas de un lugar a otro, dejándolos finalmente sin nada hasta el último de sus días.
Arantxa Gutbor
Escritora terapeútica
Morfopsicóloga
Coach



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