!Que manía con que me calme!





"Nadie se da cuenta que necesito quejarme de lo injusto que siento la vida a mi alrededor. N 48"

N era la segunda de 5 hermanos, vivaracha y altruista confiaba en un amor romántico de esos que llenan el alma según la educación fantasiosa de su madre, esos con los que no necesitas más realización que  idolatrar a un otro haga lo que haga, no sin vivir drenándose en esfuerzos por ser amada con la misma intensidad que ella amaba, desde al carencia en la infravaloración a la que se le sumaba un gran ego llamado drama.

Entendamos por ego todo aquello que hemos desarrollado para sobrevivir, la supervivencia.

El cáncer de mama avanzaba en su vida llevándola al final de sus días, la maternidad no había podido hacerlo a pesar de sus intentos, un aborto y dos embarazos no llegados a término con un sobreviviente de 27 semanas de gestación.

La imposición de su criterio o rigidez en cuanto a sistema nervioso no le habían permitido expresar la rabia contenida de la injusticia por indefensión, o lo que es lo mismo, la parálisis de las acciones que necesitaba para ser la adulta responsable con su propia vida más allá de el amor romántico al que se había supeditado y a través del cual llenaba un sentir que la posicionó en una relación de violencia encubierta.

El ideal de familia y el modelaje le costó la salud, física, mental y emocional.

Cada interacción en los vínculos de N era intensa y altruista y al mismo tiempo drenante, expectante de cumplir sus propias reglas y quedar expuesta a devaluaciones, rechazos, abusos y falta de cuidados necesarios, una súplica inconsciente de amor en una ingenuidad perpetua.

Según Erich Fromm, el amor es la superación del narcisismo, entendiendo por este esa parte de nuestra vida que es necesaria para sobrevivir, dependiendo del entorno, mas caótico o menos este se quedará en rasgos o se hará trastorno, pero todos en mayor o menor medida pasaremos por una reevaluación de lo que hemos normalizado como amor y que nos puede exponer a relaciones abusivas convertirnos en el abuso en sí mismo.

Tras el aborto N se divorció y conoció a L, en menos de dos meses vivían juntos, en un año se quedó embarazada por primera vez, a las 23 semanas el feto tuvo que extraerse para salvar la vida de la madre, el feto no vivió. El cuerpo de N avisó con el famoso síndrome de Help, consecuencia de la preeclampsia que su cuerpo le mostraba embarazada al que sobrevivió y tras el cual las recomendaciones médicas fueron de esperar al menos dos años para intentar una nueva gestación.
No había pasado un mes cuando el segundo embarazo apareció.

En visión túnel N buscaba el ideal a través de su propia vida, se llenaba de oxígeno en la idealización, pues era solo eso, del otro lado la inconsciencia y el cuidado por su vida no existían y sí cierta comodidad que más adelante costarían caro.

¿Qué llevó a N a no poner límites a su propia vida? 

¿Fue la responsable de ello o jugaban dos papeles en la decisión?

¿Realmente el amor debe contener drama para ser amor o es una construcción diaria donde elegimos lo saludable para uno mismo y un otro?

Todas las  preguntas quedan en el aire para tu reflexión.

Aquí no estamos para juzgar a nadie y sí para comprender como las creencias patriarcales, ilusorias y la salud mental nos acompañan a través de experiencias que pueden constarnos la vida si no hacemos un trabajo de autoconocimiento y superación de nuestros sentires más profundos desarrollados y/o heredados.

¿Y porqué digo heredados?
 Nuestro cerebro viene condicionado por experiencias no solo nuestras, de las personas que nos ha precedido también.

Durante la infancia la madre de N contaba la historia de su abuela, una mujer que había servido en casas de gente adinerada de la época y que conoció al que fue su abuelo y perdidamente se enamoró, se quedo embarazada y el fue obligado a casarse con ella, la vida que tuvo fue de sufrimiento y abandono, hijo tras hijo los desprecios hacia ella, estaban presentes, la violencia de un hombre rígido, castrado emocionalmente y dispuesto a cualquier cosa por sus necesidades y no las ajenas.
La madre de N contaba esta historia marcando sin saberlo no solo la idea de que el amor todo lo sostiene sino además ella misma tenia la incapacidad de ejercerlo con su propia hija en presencia y modelado. El trauma continuaba en forma de recuerdo escuchado, creencias que imposibilitaban la flexibilidad de N y un sistema nervioso desregulado que la llevaban a reproducir el abandono femenino en una forma u otra.

¿ Con qué objetivo contaba todo esto la madre de N?
Un único objetivo, validarse a través de sus propios hijos, sin recursos para comprender dicha información y así es como el trauma generacional se perpetua.
Desahogándonos con aquellos que no tienen recursos para diferenciar y cuya sensibilidad está expuesta a sentires que no les corresponden, como el caso de N.

La madre de N volcaba su sentir sobre sus hijos, al modo ahogo emocional, contaminado el mundo de las niñas por la invalidación y reconocimiento de su propia historia, ausencia de espacio propio y relaciones de calidad o lugares seguros donde expresarse sin consecuencias para otros y sin ser consciente del poder de sus palabras, de su modelado invertido por ser una mujer que no se achantaba rozando el abuso, un tipo de abuso reactivo con el padre de N en aislamiento, control y sometimiento.

N no había tenido facilitador psicoemocional en su infancia que es sinónimo de confianza, validación, acogimiento, cuidado y normas, y un sin fin de temas necesarios para el desarrollo de un ser humano y su experiencia vital.

Una vez más el sistema estaba enfermo y la enfermedad de N lo reflejaba a través de ella misma, sus carencias y apegos, sus idealismos y criterios, traumas y posicionamientos.
La violencia venia del sistema en sí mismo y se mostraba a través de la elecciones y decisiones de N.

Ser dueños de nuestras pulsiones de vida diría Freud, esas mandíbulas anchas y marcadas de las que podríamos decir que los instintos priman en nuestras decisiones y que provenientes de una historia de vida marcada en el rostro que va escondiéndose a golpe de cortisol, donde tu cerebro fue modelándose en tierra de nadie y sin guía coherente llegando a llevarte por la emoción registrada en tu cuerpo, reproducirla una y otra vez hasta agotarla si es que se agota porque es la única forma de sentirte con vida, solo que en este caso fue un abismo que se la costó.

Arantxa Gutbor



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